
Foto: GNEE
Por: Christopher Martinez
Los principales organismos meteorológicos del mundo confirmaron el inicio de las condiciones de El Niño, un fenómeno natural que podría convertirse en uno de los más intensos registrados desde mediados del siglo XX y que amenaza con agravar sequías, inundaciones y olas de calor en un planeta ya afectado por el cambio climático.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) informó que las temperaturas del océano Pacífico ecuatorial han superado los umbrales necesarios para declarar oficialmente el desarrollo de El Niño, acompañado de cambios en los patrones de viento que demuestran que la atmósfera está respondiendo al calentamiento de las aguas.
Según los pronósticos más recientes, existe un 63 % de probabilidad de que el fenómeno alcance una categoría “muy fuerte” entre finales de 2026 e inicios de 2027, lo que lo colocaría entre los eventos más intensos observados desde 1950, junto a los episodios de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016.
Los expertos señalan que la combinación de un El Niño intenso con el calentamiento global podría provocar temperaturas sin precedentes en distintas regiones del planeta. Aunque no hay evidencia concluyente de que el cambio climático aumente la frecuencia o intensidad de estos eventos, sí puede amplificar sus consecuencias debido al incremento constante de la temperatura global.
“El Niño añade más calor a un mundo que ya se está calentando”, han advertido especialistas climáticos, quienes alertan que los próximos meses podrían registrar nuevos récords de temperatura.
Los efectos del fenómeno no serán iguales en todo el planeta. Mientras algunas regiones podrían enfrentar lluvias torrenciales e inundaciones —como zonas de Sudamérica, África Oriental y el sur de Estados Unidos— otras podrían sufrir sequías severas y mayores riesgos de incendios forestales, especialmente en Australia, Indonesia y partes de América del Sur.
En el continente americano, el fenómeno también podría reducir la formación de huracanes en el océano Atlántico debido al aumento de la cizalladura del viento, lo que limita el desarrollo de ciclones tropicales. Sin embargo, esta disminución de lluvias podría representar un riesgo de sequía para regiones de Centroamérica y el Caribe.
Los científicos recuerdan que El Niño forma parte del ciclo natural conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENSO) y aparece cada dos a siete años, con una duración aproximada de doce meses. A diferencia de otros fenómenos meteorológicos extremos, su evolución puede ser anticipada con varios meses de antelación, permitiendo a los gobiernos y comunidades prepararse para sus posibles efectos.
Pese a la incertidumbre sobre su magnitud final, la comunidad científica coincide en que este episodio debe ser seguido de cerca. En un mundo cada vez más cálido, un El Niño de gran intensidad podría desencadenar crisis alimentarias, afectar la disponibilidad de agua y aumentar los riesgos para millones de personas en comunidades vulnerables.
Las próximas semanas serán clave para determinar si el calentamiento extraordinario del Pacífico tropical se convierte en un fenómeno histórico o si su intensidad disminuye conforme avance el año. Mientras tanto, los especialistas llaman a reforzar los planes de prevención y adaptación frente a un escenario climático cada vez más extremo.


