
Por Yahir González
El Foro Económico Mundial de Davos se convirtió este 21 de enero en el escenario de una nueva ofensiva diplomática y económica por parte de Estados Unidos. El presidente Donald Trump formalizó su intención de adquirir Groenlandia, calificándola como una prioridad de seguridad nacional absoluta. Durante su intervención, el mandatario estadounidense subrayó que, aunque busca una “negociación inmediata”, no tiene intención de recurrir al uso de la fuerza, a pesar de afirmar que la capacidad militar de su país sería “imparable” en el territorio ártico.
La importancia de Groenlandia para la administración Trump no radica solo en su extensión territorial, sino en su valor geoestratégico y la presencia de minerales críticos. Según datos de la Agencia Internacional de Energía y diversos informes sectoriales, el Ártico alberga depósitos masivos de tierras raras, elementos indispensables para la industria tecnológica y de defensa que actualmente domina China. Trump defendió su postura argumentando que Groenlandia es “parte de América del Norte” y que su país es el único capaz de desarrollar y proteger una masa de tierra que calificó de “indefensa”. Este enfoque transaccional de la política exterior se extendió también a la OTAN, sugiriendo que el apoyo estadounidense a la alianza podría estar condicionado a la obtención de este “pedazo de hielo”.
Sin embargo, el discurso presidencial enfrentó cuestionamientos técnicos inmediatos respecto a la veracidad de sus cifras y afirmaciones. En materia energética, Trump criticó la dependencia europea de la energía eólica y afirmó que China carece de este tipo de infraestructura. No obstante, registros globales de Our World in Data confirman que China es el líder mundial en capacidad eólica instalada, generando 997 teravatios-hora en 2024, una cifra que duplica la producción de Estados Unidos. Asimismo, la cifra de 350.000 millones de dólares en ayuda a Ucrania mencionada por el presidente fue contrastada por el Instituto Kiel, que sitúa el apoyo real entre los 119.000 y 182.000 millones de dólares hasta la fecha de su toma de posesión en 2025. El mandatario también dedicó un espacio de su discurso a la situación en Sudamérica, específicamente a Venezuela. En un tono inusualmente optimista, Trump aseguró que el país vecino experimentará un crecimiento económico histórico en los próximos seis meses gracias a una nueva fase de cooperación con gigantes petroleros estadounidenses. Según esta visión, la reactivación de los ingresos petroleros permitiría a Venezuela superar décadas de crisis en un corto plazo. Este anuncio ocurre mientras el Departamento de Defensa de EE. UU. mantiene una vigilancia estrecha sobre el hemisferio occidental, reforzando la narrativa de que Washington busca consolidar su influencia tanto en el extremo norte con Groenlandia como en el sur con el sector energético venezolano.


