
Por: Yahir González
“Me echo una siesta y el mundo cambia”, dice Chen Tianyu, de 28 años. Este profesor universitario dedica su tiempo libre a recorrer plantas industriales hiperautomatizadas para entender qué enseñar a sus alumnos de inteligencia artificial y robótica en el Instituto Técnico de Hangzhou. Su advertencia hacia la treintena de jóvenes que programan brazos mecánicos frente a él es tajante: si la tecnología no los necesita, serán reemplazados. Esta aula es solo una muestra de la estrategia de 20.000 millones de dólares impulsada por el presidente Xi Jinping para liderar las denominadas nuevas fuerzas productivas y competir directamente con Estados Unidos.
Actualmente, China cuenta con más de dos millones de robots industriales en sus fábricas, más que ningún otro país en el mundo, y produce más del 50 % de estas máquinas a escala global. A diferencia de los androides que exhiben en eventos públicos como los Juegos Mundiales de Humanoides, los robots que transforman la economía trabajan las 24 horas sin descanso soldando, pintando y ensamblando piezas. Incluso hay prototipos diseñados para construir otros robots, como los que desarrolla el equipo del ingeniero Pang Kai en la empresa CRP Technology en Chengdu. Pang explica que la urgencia por automatizar responde a que en una década China podría no tener suficientes trabajadores.
El factor demográfico presiona a Pekín. Para 2035, más de un tercio de la población china superará los 60 años, y las estimaciones indican que el país perderá unos 60 millones de habitantes en la próxima década. La automatización busca suplir este déficit antes de que afecte a la economía, aunque la velocidad del cambio representa un riesgo para los 120 millones de personas que aún trabajan en la manufactura. Firmas automotrices como Leapmotor ya han alcanzado un 100 % de automatización en sus procesos de estampación, soldadura y pintura, y sus directivos admiten que la sustitución total de inspectores humanos es una posibilidad cercana.
En la competencia global, China lleva ventaja en la infraestructura física. Según la Federación Internacional de Robótica, el ecosistema industrial en ciudades como Shenzhen permite conseguir componentes en menos de una hora, mientras que en Europa el proceso puede llevar una semana. Aunque Estados Unidos ha liderado el desarrollo de la inteligencia artificial, firmas chinas como DeepSeek y Moonshot están acortando distancias mediante modelos de código abierto. Los expertos coinciden en que la batalla decisiva no dependerá solo del software, sino de la capacidad para integrar esa inteligencia en millones de máquinas.
Ante una tasa de desempleo juvenil que afecta a uno de cada cinco jóvenes en el país, la formación técnica se ha convertido en una salida rápida. En institutos como el de Hangzhou, los alumnos aprenden robótica, aeronáutica y procesamiento de tierras raras desde los 15 años, asegurando empleo antes de graduarse. A pesar de los desafíos económicos de China, como la crisis inmobiliaria y la deuda local, la transición hacia las máquinas continúa sin pausas. Como les transmite el profesor Chen a sus alumnos ante la incertidumbre del futuro laboral, la tecnología avanza demasiado rápido como para quedarse quietos.


