México suspende envíos de crudo a Cuba: Sheinbaum defiende la “soberanía” frente a presiones de EE. UU.

Por: Yahir González

En un giro inesperado de la política exterior energética, el Gobierno de México ha frenado los cargamentos de petróleo destinados a Cuba programados para la segunda mitad de enero de 2026. La decisión, confirmada este martes por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, ocurre en un momento de máxima tensión diplomática tras las recientes amenazas de la administración de Donald Trump, quien advirtió que “no habrá más petróleo ni dinero” para la isla. Durante su conferencia matutina, la mandataria evitó profundizar en los detalles técnicos de la suspensión detectada por Bloomberg, pero enfatizó que tanto el suministro previo por razones humanitarias como la gestión actual de Petróleos Mexicanos (Pemex) son “decisiones soberanas” que no deben estar sujetas a la interferencia de terceros países.

La cancelación del envío originalmente previsto a bordo del buque Swift Galaxy representa un golpe crítico para el sistema electroenergético cubano, que apenas este lunes reportó que más del 61% del país se encontraba sin suministro eléctrico. Hasta finales de 2025, México se había consolidado como el principal proveedor de hidrocarburos de la isla, superando incluso a Venezuela con exportaciones que sumaron más de 1,100 millones de dólares en los primeros 13 meses del actual sexenio. Sin embargo, la fragilidad financiera de Pemex y el riesgo de sanciones comerciales por parte de Washington parecen haber forzado un ajuste en el calendario de entregas de la estatal mexicana, que retiró el último embarque de su programación oficial sin ofrecer una explicación técnica detallada.

Mientras la oposición en el Congreso mexicano cuestiona si este freno es una “concesión silenciosa” ante las presiones de la Casa Blanca, la comunidad internacional observa con cautela el impacto social que tendrá el desabasto en la isla. El caso pone de relieve el complejo equilibrio que la administración de Sheinbaum intenta mantener: sostener la histórica retórica de solidaridad latinoamericana y apoyo contra el embargo, mientras navega las realidades económicas de una paraestatal endeudada y la necesidad de evitar una confrontación comercial directa con su principal socio comercial. Por ahora, el “puente de combustible” entre México y La Habana queda en un estado de incertidumbre que definirá la nueva etapa de la relación bilateral en la región.

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