
Por: Yahir González
En un movimiento que marca un punto de inflexión en la relación bilateral en materia de seguridad, el gobierno mexicano ejecutó ayer la entrega de 37 presuntos narcotraficantes a Estados Unidos. Lo que destaca de este operativo, más allá del volumen de personas, es que por primera vez se incluyó a una mujer en estos envíos masivos: María del Rosario Navarro Sánchez, alias “La Señora”, vinculada al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y acusada de coordinar redes de tráfico de armas y personas.
Esta entrega no es un hecho aislado. Desde febrero de 2025, la administración actual ha extraditado a 93 perfiles de alto mando, entre líderes de facciones, jefes de sicarios y operadores financieros. El titular de la SSPC, Omar García Harfuch, fue enfático al señalar en sus redes sociales que estos sujetos representaban una “amenaza real” para la paz del país y que el traslado se realizó bajo los protocolos de la Ley de Seguridad Nacional. Como parte del acuerdo, Washington se comprometió a no aplicar la pena de muerte, una condición habitual pero crucial para que México acceda a estas entregas.
Resulta interesante observar la temporalidad del operativo, que coincide con el primer aniversario del mandato de Donald Trump. Los 37 detenidos fueron repartidos en siete aeronaves militares con destino a ciudades estratégicas como Washington, Houston y San Diego. Entre los nombres de peso que figuraron en la lista de ayer están Pedro Inzunza Noriega, “El Señor de la Silla”, y Daniel Alfredo Blanco Joo, “El Cubano”, un operador logístico del Cártel del Pacífico que apenas había sido capturado hace una semana, lo que sugiere una agilización inusual en los trámites de extradición.
El historial de estas entregas masivas comenzó hace casi un año, el 27 de febrero, cuando figuras históricas como Rafael Caro Quintero fueron enviadas al país vecino. Con el grupo de ayer, que también incluyó a Ricardo González Sauceda del Cártel del Noreste y a una decena de traficantes “independientes”, el gobierno federal parece apostar por desmantelar las estructuras de mando desde la raíz, enviándolos a prisiones donde su capacidad de operación e influencia se vea drásticamente reducida. Mientras los vuelos aterrizaban en suelo estadounidense cerca de las cuatro de la tarde, queda en el aire la duda sobre si esta estrategia logrará frenar la violencia interna o si solo provocará reacomodos más agresivos dentro de los cárteles.


