
Por: Yahir González
Este viernes 20 de febrero de 2026, Perú amanece bajo un nuevo mando tras una semana de vértigo político que ha vuelto a sacudir los cimientos democráticos de la región. El congresista José María Balcázar, de 83 años, ha asumido la presidencia interina del país tras la fulminante destitución de José Jerí por “incapacidad moral”, convirtiéndose en el octavo mandatario en ocupar el Palacio de Pizarro en menos de diez años.
La jornada de hoy ha estado marcada por las primeras acciones de Balcázar para calmar los mercados y asegurar una transición pacífica hacia las elecciones generales programadas para abril de este año. En un gesto de estabilidad económica, el nuevo mandatario se reunió hace apenas unas horas con Julio Velarde, el veterano presidente del Banco Central de Reserva (BCR), enviando un mensaje claro a los inversionistas: el rumbo macroeconómico del país no sufrirá cambios bruscos a pesar del caos en el Congreso.
Sin embargo, el clima en las calles de Lima y las principales ciudades del interior es de un escepticismo profundo. Mientras en el sur del país, específicamente en Arequipa, las autoridades lidian hoy con emergencias por intensas lluvias y desbordes, en la capital la discusión gira en torno a la legitimidad de un Congreso que ha normalizado la censura presidencial. Para la comunidad académica peruana y latinoamericana, el suceso de hoy plantea una pregunta urgente: ¿puede un gobierno de transición de apenas unos meses frenar el avance de la inseguridad y la crisis de representación que asfixia al país?
A nivel internacional, México ha reaccionado hoy mismo. La presidenta Claudia Sheinbaum expresó desde Guanajuato su intención de restablecer canales diplomáticos con el nuevo gobierno de Balcázar, solicitando nuevamente el salvoconducto para la exministra Betssy Chávez, refugiada en la embajada mexicana en Lima. Este movimiento sugiere que el cambio de mando podría abrir una ventana de distensión en las tensas relaciones bilaterales que marcaron los años anteriores.


